Campaña de Alfabetización “Yo si puedo” Tilcara primer territorio libre de analfabetismo en la Argentina.
Esta experiencia de educación no formal transcurre en el departamento de Tilcara en el norte de nuestro país, en la provincia de Jujuy, en el año 2005.
En el marco del desarrollo del programa de alfabetización Yo si puedo en la Argentina. Tilcara un departamento alejado de los grandes cascos urbanos se plantea como el primer territorio libre de analfabetismo por parte del equipo de trabajo que coordina en la Argentina el programa anteriormente citado.
Dicho programa se propone erradicar el analfabetismo y tiene como prioridad los sectores más vulnerables de la sociedad así como también las regiones alejadas y especialmente la población adulta a la que por diferentes motivos se les hace difícil acceder a la educación formal.
El programa de alfabetización Yo si puedo, nació en cuba en el año 1961 y fué el método por medio del cual Cuba logro declararse país libre de analfabetismo. Este programa fue implementado en varios países obteniéndose resultados positivos en campañas de alfabetización masiva orientadas a la población adulta.
El método combina herramientas audiovisuales, junto con la colaboración de facilitadores de las poblaciones. Dicho método se propone que el analfabeto identifique en su medio cotidiano elementos que le permitan ir reconociendo las nociones básicas de la lectoescritura, además vincula las letras a los números como manera de poder darle una herramienta más al analfabeto para poder fijar los conocimientos de lectoescritura.
En el caso de la campaña Tilcara libre de analfabetismo, se dividió el trabajo en la zona urbana y rural. En la zona urbana la tarea de alfabetización se realizó en la forma tradicional en la que se ejecuta el método normalmente, pero partiendo que la propuesta era declarar libre de analfabetismo a todo el departamento de Tilcara lo cual incluía a poblaciones de la zona de montaña que están incrustadas en los valles de la Quebrada de Humahuaca, a distancias de 80 kilómetros promedio desde la ciudad de Tilcara, y que para poder acceder a dichas localidades había que recorrer a pie esas distancias que por las dificultades del terreno y la altura (más de 2600 metros sobre el nivel del mar) se planteó la posibilidad realizar el método de manera alternativa.
En la zona rural o de montaña el método se debió realizarse de manera presencial ya que por las dificultades de la zona era imposible poder trasladar los materiales necesarios para ejecutar el método de modo audiovisual. En este punto y ante las claras imposibilidades que plantean el terreno y la naturaleza se hizo necesario variar los esquemas habituales del método e involucrar a un equipo de jóvenes voluntarios que pudiera llegar a esas zonas y alfabetizar a la población realizando el método de manera presencial. Es en ese punto en el cual con un grupo de jóvenes intervenimos en la campaña de alfabetización. Nuestra inserción en la campaña exigió un largo periodo de preparación pedagógica para poder aplicar el método, tuvimos que incorporar muchos elementos y conocimientos sobre la lectoescritura y sobre las maneras de transmitir sus elementos básicos. Nuestra labor de alfabetizadores presenciales del método incluyo hasta la necesidad de teatralizar situaciones cotidianas en post de poder ser claros en la transmisión de los conceptos e ideas que estaban en juego.
Del mismo modo este periodo de preparación incluyo un periodo de adaptación física ya que las condiciones del terreno así lo exigían; todo esta capacitación fue asesorada y dispensada por pedagogos del IPLAC (Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño), quienes nos capacitaron en primera instancia en Buenos Aires y luego acompañaron nuestra trayectoria hasta la ciudad de Tilcara, donde tuvimos el periodo de adaptación al terreno para posteriormente movilizarnos hacia los valles de la Quebrada de Humahuaca.
El no estar aclimatados a la geografía de la zona y a sus complejidades hizo que esta etapa de movilización estuviera cargada de esfuerzos físicos que jamás hubiéramos pensado poder realizar. Las caminatas se enmarcaban en periodos de 9 a 12 horas durante varios días, con descansos intermedios hasta llegar al punto que se tenía como base de alfabetización, muchas veces escuelas y centros de salud. La gente de estas zonas tenia a cargo nuestra movilización, alimentación y hospedaje, ya que al ser voluntarios carecíamos de capacidad económica para sostener por nosotros mismos dicha aventura.
Al llegar a los puntos de alfabetización nos encontramos con otro desafío aun mayor, la idiosincrasia y particularidades culturales de la población a alfabetizar, en su mayoría gente de edad adulta con una edad promedio de 60 años, contamos también con personas de mayor edad que también se encontraban dentro del grupo a alfabetizar. Estas poblaciones no superaban los 60 habitantes quienes vivían todo el año en esta zona alejados de cualquier población urbana, pocas veces al año viajaban a la ciudad de Tilcara a aprovisionarse de alimentos y a vender sus cosechas o sus cabezas de ganado, regresando nuevamente a estas pequeñas comunidades y continuando con su vida habitual.
La mayor parte del grupo analfabeto estaba constituida por pobladores originarios de esta zona con rasgos físicos y culturales propios de cualquier comunidad precolombina, lo cual nos hacia trasladar en la imaginación y sentir la presencia de las personas que habitaron hace mucho tiempo atrás nuestro continente. En estas zonas alejadas la cotidianidad está marcada por un andar más lento y reflexivo al que habitualmente nosotros estamos acostumbrados, esta diferencia cultural entre "ellos" y "nosotros" marcó el punta pie de un profundo proceso de aprendizaje para los que creíamos que íbamos a ir a enseñar algo, sin darnos cuenta nos vimos inmersos en una cultura increíble, preservada de los vicios de las grandes urbes y logrando a través de ellos entender que para poder transmitir o intentar compartir algún conocimiento, primero teníamos que aprender de esta cotidianidad mágica a nuestros ojos claramente aporteñados. Es así como empezó para nosotros un proceso de alfabetización más profundo, una experiencia de aprendizaje en la que el proceso de alfabetización fue mutua y desvirtuó las fronteras del alfabetizador y el alfabetizado, dando lugar a un proceso inmerso dentro de una dinámica increíblemente dialéctica en el cual nosotros pudimos compartir nuestras nociones de lectoescritura sustentadas en un método, pero también aprender elementos de una cultura que nos era ajena y sin duda alguna nos han enriquecido y fundamentalmente ha sido un punto de inflexión en nuestra vida y un trascendente punto de crecimiento personal tanto individual como del colectivo que tuvo el privilegio de participar en esta experiencia trascendente.
Diego Molinas
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